Algo de Humor
Otra vez le volvió a pasar lo mismo a don Astasio. Llegó a su casa y encontró a su mujer en brazos (y piernas y todo lo demás) de un desconocido. Desconocido para don Astasio, pues su consorte, doña Facilisa, parecía tener con el hombre mucha familiaridad. Me atrevo a aventurar esa opinión basándome en el hecho de que la señora le decía al sujeto "Mi negro", "Papacito", "¡Qué cochas tan pechochas!" y otras expresiones que denotaban conocimiento previo. Colgó don Astasio en el perchero su americana, su gorra de orejeras y la bufanda de estambre que le tejió en diciembre su hermana la soltera, y se dirigió al chifonier donde tenía guardada la libretita en la cual solía anotar dicterios para motejar a su mujer en tales ocasiones. Volvió y le espetó el último que había apuntado: "-Guarra". Debo decir, para esto, que la recámara estaba en penumbra, pues doña Facilisa cuidó de bajar todas las cortinas. Se veían sobre el buró una botella de licor y send...