Algo de Humor
Otra vez le volvió a pasar lo mismo a don Astasio.
Llegó a su casa y encontró a su mujer en brazos
(y piernas y todo lo demás) de un desconocido.
Desconocido para don Astasio, pues su consorte,
doña Facilisa, parecía tener con el hombre mucha familiaridad.
Me atrevo a aventurar esa opinión basándome en el hecho
de que la señora le decía al sujeto "Mi negro", "Papacito",
"¡Qué cochas tan pechochas!"
y otras expresiones que denotaban conocimiento previo.
Colgó don Astasio en el perchero su americana,
su gorra de orejeras y la bufanda de estambre
que le tejió en diciembre su hermana la soltera,
y se dirigió al chifonier donde tenía guardada la libretita
en la cual solía anotar dicterios para motejar a su mujer
en tales ocasiones.
Volvió y le espetó el último que había apuntado:
"-Guarra".
Debo decir, para esto, que la recámara estaba en penumbra,
pues doña Facilisa cuidó de bajar todas las cortinas.
Se veían sobre el buró una botella de licor
y sendos vasos a medio consumir;
en el cenicero humeaban dos cigarrillos;
una varita de esencia de clavo de la India ardía en un pebetero.
Revueltas y húmedas se veían las sábanas del lecho;
los conchabados estaban completamente en peletier
y acezaban con agitación, cual poseídos por intenso deliquio pasional.
Se vuelve doña Facilisa a su marido y le dice:
"-Sé que no me lo vas a creer, Astasio,
pero no estamos haciendo nada malo"...
La anciana señora vivía los últimos momentos
de su existencia terrenal.
Su hijo le dice con angustia:
"-Mamá: no sé quién es mi padre.
Jamás quiso usted revelarme el secreto de mi nacimiento.
Ahora que está a punto de comparecer ante el tribunal de Dios
la emplazo solemnemente a que me diga la verdad.
¿Quién es mi padre?".
Responde la señora con voz entrecortada:
"-Pro-be-ta".
"-¡Ah! -se alegra él-.
¡Fui fruto de la fecundación artificial!
¡Soy hijo de la ciencia!".
"-No -aclara la agonizante-.
Pro-bé ta-aantos, que nunca supe quién fue tu papá"...
(Obligado colofón: "Y así diciendo, entregó el alma a su Creador")...
Llegó a su casa y encontró a su mujer en brazos
(y piernas y todo lo demás) de un desconocido.
Desconocido para don Astasio, pues su consorte,
doña Facilisa, parecía tener con el hombre mucha familiaridad.
Me atrevo a aventurar esa opinión basándome en el hecho
de que la señora le decía al sujeto "Mi negro", "Papacito",
"¡Qué cochas tan pechochas!"
y otras expresiones que denotaban conocimiento previo.
Colgó don Astasio en el perchero su americana,
su gorra de orejeras y la bufanda de estambre
que le tejió en diciembre su hermana la soltera,
y se dirigió al chifonier donde tenía guardada la libretita
en la cual solía anotar dicterios para motejar a su mujer
en tales ocasiones.
Volvió y le espetó el último que había apuntado:
"-Guarra".
Debo decir, para esto, que la recámara estaba en penumbra,
pues doña Facilisa cuidó de bajar todas las cortinas.
Se veían sobre el buró una botella de licor
y sendos vasos a medio consumir;
en el cenicero humeaban dos cigarrillos;
una varita de esencia de clavo de la India ardía en un pebetero.
Revueltas y húmedas se veían las sábanas del lecho;
los conchabados estaban completamente en peletier
y acezaban con agitación, cual poseídos por intenso deliquio pasional.
Se vuelve doña Facilisa a su marido y le dice:
"-Sé que no me lo vas a creer, Astasio,
pero no estamos haciendo nada malo"...
La anciana señora vivía los últimos momentos
de su existencia terrenal.
Su hijo le dice con angustia:
"-Mamá: no sé quién es mi padre.
Jamás quiso usted revelarme el secreto de mi nacimiento.
Ahora que está a punto de comparecer ante el tribunal de Dios
la emplazo solemnemente a que me diga la verdad.
¿Quién es mi padre?".
Responde la señora con voz entrecortada:
"-Pro-be-ta".
"-¡Ah! -se alegra él-.
¡Fui fruto de la fecundación artificial!
¡Soy hijo de la ciencia!".
"-No -aclara la agonizante-.
Pro-bé ta-aantos, que nunca supe quién fue tu papá"...
(Obligado colofón: "Y así diciendo, entregó el alma a su Creador")...
Comentarios
ERA UNA SEÑORA MUY JUGUETONA.....